En los últimos meses, los precios de las materias primas han experimentado un crecimiento generalizado. El índice de materias primas CRB (Commodity Research Bureau) ha aumentado un 23% en el último semestre, sobrepasando los 540 puntos y marcando un máximo histórico.
Este nivel es superior a los máximos alcanzados en el periodo precrisis. Entonces, el auge del precio de las materias primas planteó un debate sobre la seguridad alimentaria mundial. Hoy, el alza de los precios –entre otros factores– ha desembocado en revueltas sociales en Túnez, Argelia y Bolivia.
El nivel actual de los precios de las materias primas parece sostenido por la fortaleza de los fundamentos propios, de oferta y demanda, y por flujos de capitales hacia estos "activos de inversión". Esta evolución está provocando una presión alcista sobre los indicadores de inflación de los distintos países, que en mayor o menor medida, miran con preocupación las cotizaciones de las commodities.
El aumento de los precios de las materias primas está afectando desigualmente a los países industrializados y a aquellos en desarrollo. Las economías desarrolladas, con un exceso de capacidad productiva, se enfrentan a un alto endeudamiento a problemas derivados de un elevado desempleo y a un riesgo de deflación. Por eso no solo aceptan el aumento de los precios, sino que en algunos casos, como los Estados Unidos son un resultado buscado por su política económica.
Políticas monetarias
Las políticas monetarias de algunos países desarrollados unido al interés de la mayor parte de los países emergentes por mantener sus tipos de cambio lo más estables contra el dólar que les sea posible, ha llevado a que el aumento de los precios en dólares de las materias primas se transmitan directamente a inflación de los precios domésticos en estos últimos.
En las países en desarrollo, donde la capacidad productiva se encuentra altamente utilizada, las autoridades están más pendientes de controlar su crecimiento para evitar un sobrecalentamiento de sus economías. El alza de los precios de los granos, de la energía y de los metales supone un reto importante. Es cierto que, el ciclo de la inflación de alimentos es más breve que el de otras materias primas. Las cosechas, dado que son anuales pueden responder con mayor rapidez a un aumento de precios que la producción de energía o de minerales. Por otro lado, los aumentos del precio de los alimentos tienen fuertes repercusiones en países emergentes, con una menor renta per capita, mientras que el alza de los precios de la energía y metales afecta más a los costes de producción y tienen una menor incidencia en el IPC.
Con este trasfondo, los mercados esperaban datos macroeconómicos clave en China. Este país sorprendió con un crecimiento en el cuarto trimestre de un 9,8%, por encima de lo esperado, que se traduce en un crecimiento para 2010 del 10,3%. El índice de precios al consumo (IPC) de diciembre fue de 4,6% interanual si bien la inflación de los alimentos se sitúo en 9,6%.
Las previsiones apuntan a que la inflación siga aumentando este año y que las autoridades intentan moderar su evolución convirtiéndose en un tema prioritario. Esto va a ser uno de los grandes dilemas de política económica en 2011. Hasta qué punto y a qué velocidad las autoridades de los países emergentes van a modificar sus tipos de interés y endurecer sus políticas monetarias para controlar la inflación a costa de menores tasas de crecimiento.
Este dilema, también podría llegar a plantearse en la zona euro, donde las subidas de la inflación de la zona en los últimos meses han conducido a declaraciones del presidente del Banco Central Europeo (BCE) sobre un posible endurecimiento de la política monetaria. De hecho, los tipos de mercado a corto plazo ya están descontando futuras subidas de tipos de interés.
La reciente apreciación del euro contra el dólar tiene mucho que ver el aumento de estos tipos de interés en comparación con los de EE.UU. Si continua disminuyendo la percepción del riesgo soberano y aumentando la expectativa de que el BCE subirá los tipos de interés en el corto plazo, el euro podría reemprender un rápido movimiento al alza.
Pero no nos olvidemos de que el aumento de precios de los últimos meses se deriva del aumento del precio de las materias primas y que esto ya sucedió de manera similar en 2008. Estamos pues ante un dilema conocido. ¿Estamos seguros de que no nos encontramos ante un cambio estructural en la relación entre los precios de las materias primas y del resto de bienes de consumo, en lugar de ante el inicio de una espiral inflacionista?
Miembro del Consejo Asesor de EXPANSIÓN y ‘Actualidad Económica’
Expansion
Este nivel es superior a los máximos alcanzados en el periodo precrisis. Entonces, el auge del precio de las materias primas planteó un debate sobre la seguridad alimentaria mundial. Hoy, el alza de los precios –entre otros factores– ha desembocado en revueltas sociales en Túnez, Argelia y Bolivia.
El nivel actual de los precios de las materias primas parece sostenido por la fortaleza de los fundamentos propios, de oferta y demanda, y por flujos de capitales hacia estos "activos de inversión". Esta evolución está provocando una presión alcista sobre los indicadores de inflación de los distintos países, que en mayor o menor medida, miran con preocupación las cotizaciones de las commodities.
El aumento de los precios de las materias primas está afectando desigualmente a los países industrializados y a aquellos en desarrollo. Las economías desarrolladas, con un exceso de capacidad productiva, se enfrentan a un alto endeudamiento a problemas derivados de un elevado desempleo y a un riesgo de deflación. Por eso no solo aceptan el aumento de los precios, sino que en algunos casos, como los Estados Unidos son un resultado buscado por su política económica.
Políticas monetarias
Las políticas monetarias de algunos países desarrollados unido al interés de la mayor parte de los países emergentes por mantener sus tipos de cambio lo más estables contra el dólar que les sea posible, ha llevado a que el aumento de los precios en dólares de las materias primas se transmitan directamente a inflación de los precios domésticos en estos últimos.
En las países en desarrollo, donde la capacidad productiva se encuentra altamente utilizada, las autoridades están más pendientes de controlar su crecimiento para evitar un sobrecalentamiento de sus economías. El alza de los precios de los granos, de la energía y de los metales supone un reto importante. Es cierto que, el ciclo de la inflación de alimentos es más breve que el de otras materias primas. Las cosechas, dado que son anuales pueden responder con mayor rapidez a un aumento de precios que la producción de energía o de minerales. Por otro lado, los aumentos del precio de los alimentos tienen fuertes repercusiones en países emergentes, con una menor renta per capita, mientras que el alza de los precios de la energía y metales afecta más a los costes de producción y tienen una menor incidencia en el IPC.
Con este trasfondo, los mercados esperaban datos macroeconómicos clave en China. Este país sorprendió con un crecimiento en el cuarto trimestre de un 9,8%, por encima de lo esperado, que se traduce en un crecimiento para 2010 del 10,3%. El índice de precios al consumo (IPC) de diciembre fue de 4,6% interanual si bien la inflación de los alimentos se sitúo en 9,6%.
Las previsiones apuntan a que la inflación siga aumentando este año y que las autoridades intentan moderar su evolución convirtiéndose en un tema prioritario. Esto va a ser uno de los grandes dilemas de política económica en 2011. Hasta qué punto y a qué velocidad las autoridades de los países emergentes van a modificar sus tipos de interés y endurecer sus políticas monetarias para controlar la inflación a costa de menores tasas de crecimiento.
Este dilema, también podría llegar a plantearse en la zona euro, donde las subidas de la inflación de la zona en los últimos meses han conducido a declaraciones del presidente del Banco Central Europeo (BCE) sobre un posible endurecimiento de la política monetaria. De hecho, los tipos de mercado a corto plazo ya están descontando futuras subidas de tipos de interés.
La reciente apreciación del euro contra el dólar tiene mucho que ver el aumento de estos tipos de interés en comparación con los de EE.UU. Si continua disminuyendo la percepción del riesgo soberano y aumentando la expectativa de que el BCE subirá los tipos de interés en el corto plazo, el euro podría reemprender un rápido movimiento al alza.
Pero no nos olvidemos de que el aumento de precios de los últimos meses se deriva del aumento del precio de las materias primas y que esto ya sucedió de manera similar en 2008. Estamos pues ante un dilema conocido. ¿Estamos seguros de que no nos encontramos ante un cambio estructural en la relación entre los precios de las materias primas y del resto de bienes de consumo, en lugar de ante el inicio de una espiral inflacionista?
Miembro del Consejo Asesor de EXPANSIÓN y ‘Actualidad Económica’
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